El año litúrgico no es una agenda de temas religiosos. A lo largo de sus tiempos, la Iglesia celebra todo el misterio de Cristo: su encarnación, vida, muerte, resurrección, ascensión y el don del Espíritu. Cada periodo educa la fe con lecturas, oraciones, cantos y signos propios.
Los grandes tiempos
Adviento prepara la Navidad y mantiene viva la espera de la venida definitiva de Cristo. Navidad celebra la encarnación y manifestación del Señor. Cuaresma conduce a la Pascua mediante conversión, oración, ayuno y caridad. El Triduo Pascual es el centro del año, desde la misa de la Cena del Señor hasta las vísperas del Domingo de Resurrección. El tiempo pascual prolonga durante cincuenta días la alegría de la resurrección hasta Pentecostés. El tiempo ordinario contempla la vida y enseñanza de Jesús y ayuda a madurar en el discipulado.
Qué expresan los colores
El blanco se usa en celebraciones del Señor —salvo las de su Pasión—, de la Virgen y de santos no mártires; expresa alegría y luz. El rojo aparece en Domingo de Ramos, Viernes Santo, Pentecostés y fiestas de mártires; evoca la Pasión, el fuego del Espíritu y la sangre del testimonio. El verde acompaña el tiempo ordinario. El morado caracteriza Adviento y Cuaresma y puede usarse en exequias. Rosa puede emplearse, donde existe la costumbre, en los domingos Gaudete y Laetare.
Ciclos de lecturas
Los domingos siguen un ciclo de tres años —A, B y C—, centrado principalmente en Mateo, Marcos y Lucas; Juan aparece en momentos destacados. Los días feriales del tiempo ordinario alternan años impares y pares para la primera lectura. Esta organización ofrece a la comunidad un recorrido amplio por la Sagrada Escritura.
El calendario universal se completa con celebraciones propias de cada país, diócesis, familia religiosa o parroquia. Por eso una solemnidad local puede modificar lecturas y color respecto a otra zona.