La liturgia utiliza realidades sencillas —pan, vino, agua, luz, aromas, movimientos— para expresar el misterio. Algunos detalles pueden pasar inadvertidos, pero están vinculados a la Escritura, a la tradición y a la propia estructura de la celebración.
1. Una gota de agua en el vino
Al preparar el cáliz, el sacerdote o el diácono mezcla un poco de agua con el vino. La oración que acompaña el gesto evoca la participación de la humanidad en la divinidad de Cristo. También se ha leído como signo de nuestra vida unida a la ofrenda de Cristo.
2. El lavabo
El sacerdote se lava las manos mientras pide purificación interior. Nació también de una necesidad práctica cuando se presentaban dones diversos, pero la liturgia conserva su sentido espiritual.
3. El beso del altar
Al principio y al final, el sacerdote y el diácono veneran el altar con un beso. No se besa un mueble: se honra el signo de Cristo y el lugar del sacrificio eucarístico.
4. La fracción del pan
Partir el pan dio nombre a la Eucaristía en la Iglesia antigua. Un único Pan partido y compartido manifiesta que muchos forman un solo cuerpo.
5. Velas e incienso
Las velas expresan veneración y el carácter festivo. El incienso, cuando se usa, honra el altar, los dones, el Evangelio, el sacerdote y el pueblo; su humo evoca la oración que sube a Dios.
6. Las campanillas
Su uso es facultativo. Pueden llamar la atención de la asamblea en momentos destacados de la plegaria eucarística, pero no «hacen» la consagración ni sustituyen la participación.
7. Una pequeña partícula en el cáliz
Tras la fracción, el sacerdote deposita una partícula de la hostia en el cáliz. El gesto expresa la unidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la obra de la salvación.